Recomendaciones para catar vino de forma correcta

La degustación del vino es un privilegio al alcance de cualquier consumidor, sin importar sus conocimientos previos en enología o viticultura. Ni el olfato ni la sabiduría de James Suckling, Tim Atkin o Andreas Larsson son necesarios para catar un vino selección albariño u otro producto. Bastan unas nociones básicas para hacerlo de forma correcta.

En primer lugar, se recomienda prestar atención a los preliminares de la cata, como la iluminación ambiental o la temperatura a la que se sirve cada vino. Este último factor es crítico, por influir en la percepción de las cualidades organolépticas del caldo en cuestión. La prescripción general es mantener el vino entre los seis y los veinte grados centígrados.

En determinadas variedades, se aconseja ajustar más el rango de temperaturas, para una mejor experiencia. Las botellas de vino albariño, por ejemplo, deberían servirse a nueve, diez u once grados centígrados, idealmente.

La cata en sí está formada por tres fases, comenzando siempre por la visual. En ella se valoran las propiedades estéticas del vino (brillo, color, intensidad, etcétera), antes de proceder a evaluar sus cualidades olfativas en la siguiente fase. El sentido del olfato cobra aquí todo su protagonismo, invitando a apreciar los toques afrutados, especiados o cítricos del caldo en cuestión.

En la tercera y última fase, la gustativa, se saborea el vino. Consiste en captar el mayor número de notas gustativas posibles. Un error común en esta etapa es utilizar perfumes marcados. El aroma de ciertas fragancias alteran la percepción del vino, afeando así su disfrute.

Tampoco se recomienda participar en catas con el estómago vacío, debido a que acelera la absorción del alcohol. Además de afrontar la cata con el apetito saciado, es indispensable saber maridar cada vino con los alimentos más armoniosos en función del tipo de uva, tinta o blanca.

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