Muchas personas que llegan a pasar unas vacaciones en las Rías Baixas se quedan sorprendidas al ver la isla de Ons y saber que es una isla habitada, que no tiene conexión con tierra más que por barco y que durante el invierno sus pocos habitantes quedan aislados durante días y días, incluso sin luz más que unas pocas horas al día. Piensan en un lugar remoto, con un estilo de vida arcaico y lo cierto es que es así, pero en el mejor sentido de la palabra. Ons es un espacio protegido, con muchos alicientes para el turismo pero que permite un cupo reducido de personas cada día para mantenerlo así, como lo vemos hoy.
Por eso, lo primero que preguntará esta gente es como llegar a Ons y ahí muchos pueden llevarse el primer desencanto ya que el primer paso es solicitar un permiso. Como hemos dicho, el cupo de visitas es limitado y hay que inscribirse para poder ir. En temporada alta lo habitual es que no puedas reservar una plaza ni siquiera a una semana vista, por lo que los más previsores o los que ya se han llevado la desilusión antes, se traen sus días reservados con antelación. Solo con esa reserva y tu permiso puedes comprar los billetes en el ferry que te llevará a la isla.
Lo más habitual es ir a Ons a pasar el día, el barco deja a la gente por la mañana y la recoge por la tarde. Pero hay un camping y también algún que otro hospedaje particular. Al igual que ocurre para visitar la isla, este tipo de cosas están muy solicitadas por lo que hay que gestionar todo con tiempo.
Una vez en Ons el día va a saber a poco. Puedes empezar dando un paseo recorriendo algunas de las rutas de senderismo para disfrutar de las vistas desde diferentes lugares de la isla y de toda la belleza del lugar. Tras el paseo, puedes comer en uno de los restaurantes de la isla. De nuevo se recomienda tener una reserva porque tienen mucha fama y muchas personas van a propósito para comer allí. Tras descansar tomando un refresco en un merendero a la sombra, se puede pasar el resto de la tarde en alguna de las bonitas calas de la isla, relajándose al sol hasta la hora de coger el barco de vuelta a la realidad.